No sé muy bien que pasó, pero fue importante. A veces las cosas que más nos marcan ocurren en los momentos más inesperados. Así me ocurrió. Esperaba una clase como otras, como tantas, pero fue distinto. Con el transcurrir de los minutos la confianza se fue apoderando de cada uno de nosotros. Las experiencias afloraron, a veces como ejemplos y otras, la mayoría, como testimonios de nuestra realidad.
Hasta ese día creía conocer lo que era saber, pensaba que se trataba de acumular conocimientos. ¡Que equivocada estaba!. Saber es mucho más. Ahora, humildemente, me atrevo a decir que es generar acción. Tener una actitud distinta.
Así como descubrí una nueva definición para saber, confirme mi teoría respecto a la objetividad. Sí porqué siempre he pensado que en cada mirada, en cada palabras y en cada expresión de nuestro cuerpo, está involucrada nuestra sensibilidad, nuestras emociones y nuestra experiencia.
No podemos saber como son las cosas, sólo podemos dar cuenta de ellas, por lo tanto todas las miradas son legitimas .
Lo que vemos, lo que leemos, lo que sentimos se hace nuestro al entrar en contacto con nuestros sentidos. El mundo que vivo es el mundo que yo creo . Todo lo que vivo lo vuelvo a crear para mi. Lo re-creo.
He ahí el increíble valor del lenguaje, pues es través de él que logramos aparecer frente a los demás. Mostrarnos o disfrazarnos.
Son los actos lingüísticos, los que permiten dar cuenta de nuestra existencia. Es a través de las declaraciones, promesas, afirmaciones, ofertas y peticiones, que ordenamos nuestro mundo y damos a conocer nuestra identidad.
Para algunos puede tratarse de conceptos muy similares entre sí, sin embargo cada acto lingüístico lleva consigo un tremendo poder creador o destructor, según el contexto y la forma en que sea expresado.
Así una declaración es capaz de generar acciones e involucra directamente a quien la emite. La afirmación, en tanto, implica consenso. Da cuenta de aquello que es común para todos, puede ser verdadera o falsa, y su valor dependerá de la existencia de testigos y / o evidencias.
Pero sin duda la fuerza y el poder de los juicios fue algo que me estremeció. Hasta entonces no había reparado en su importancia, mucho menos en su significado más profundo. Eran sólo afirmaciones. ¡Nada que ver!.
Los juicios desde aquel día son verdaderas puertas que abren o cierran nuestro paso al futuro. Aparecen ante mí como verdaderos determinantes de nuevas acciones.
Pero estos juicios, que aparecen como maravillosos pasaportes hacia algo mejor, pueden también ser condenatorios y lapidarios, cuando se encuentran arraigados en lo más profundo de nuestro ser. Y ese arraigo no es más, que la consecuencia de una acción -que en algún momento de nuestra vida- nos marco de manera tal, que se plasmo cual fotografía, entregándonos una imagen sesgada de nuestra propia realidad.
¡Qué paradoja! ¿Cambiar un juicio sobre uno mismo, podría cambiar la forma de vernos y de ver a los demás?. Parece que sí. Ahora hay que buscar el ¿cómo?. La clave está en el lenguaje y en su inmenso poder creador. Sé que es allí donde fluyen las respuestas, esas que ahora busco con más ansias que antes.
Es increíble como en un día, en minutos de experiencias y relatos en re-descubrimientos y momentos recuperé la capacidad de asombro, las ansias de mamarle la savia a la vida, las ansias de tener los ojos bien abiertos para escuchar al mundo y enamorarme de él.
En un día descubrí que el dolor tiene que ver con la mudes y que la cura para ese martirio no está en ninguna pócima especial, ni ungüento mágico. Si no que se encuentra contenida en nueve letras, que unidas pueden crear, hacernos volar o aterrizar bruscamente; aparecer o desaparecer, vivir con intensidad o sólo transcurrir conforme al tiempo, son nueve letras que nos confieren identidad.
LENGUAJE: Las nueve letras que contienen un infinito poder creador. Padre del conocimiento y el arte. Procreador del mundo poético y de sus mágicas expresiones.
Hasta ese día creía conocer lo que era saber, pensaba que se trataba de acumular conocimientos. ¡Que equivocada estaba!. Saber es mucho más. Ahora, humildemente, me atrevo a decir que es generar acción. Tener una actitud distinta.
Así como descubrí una nueva definición para saber, confirme mi teoría respecto a la objetividad. Sí porqué siempre he pensado que en cada mirada, en cada palabras y en cada expresión de nuestro cuerpo, está involucrada nuestra sensibilidad, nuestras emociones y nuestra experiencia.
No podemos saber como son las cosas, sólo podemos dar cuenta de ellas, por lo tanto todas las miradas son legitimas .
Lo que vemos, lo que leemos, lo que sentimos se hace nuestro al entrar en contacto con nuestros sentidos. El mundo que vivo es el mundo que yo creo . Todo lo que vivo lo vuelvo a crear para mi. Lo re-creo.
He ahí el increíble valor del lenguaje, pues es través de él que logramos aparecer frente a los demás. Mostrarnos o disfrazarnos.
Son los actos lingüísticos, los que permiten dar cuenta de nuestra existencia. Es a través de las declaraciones, promesas, afirmaciones, ofertas y peticiones, que ordenamos nuestro mundo y damos a conocer nuestra identidad.
Para algunos puede tratarse de conceptos muy similares entre sí, sin embargo cada acto lingüístico lleva consigo un tremendo poder creador o destructor, según el contexto y la forma en que sea expresado.
Así una declaración es capaz de generar acciones e involucra directamente a quien la emite. La afirmación, en tanto, implica consenso. Da cuenta de aquello que es común para todos, puede ser verdadera o falsa, y su valor dependerá de la existencia de testigos y / o evidencias.
Pero sin duda la fuerza y el poder de los juicios fue algo que me estremeció. Hasta entonces no había reparado en su importancia, mucho menos en su significado más profundo. Eran sólo afirmaciones. ¡Nada que ver!.
Los juicios desde aquel día son verdaderas puertas que abren o cierran nuestro paso al futuro. Aparecen ante mí como verdaderos determinantes de nuevas acciones.
Pero estos juicios, que aparecen como maravillosos pasaportes hacia algo mejor, pueden también ser condenatorios y lapidarios, cuando se encuentran arraigados en lo más profundo de nuestro ser. Y ese arraigo no es más, que la consecuencia de una acción -que en algún momento de nuestra vida- nos marco de manera tal, que se plasmo cual fotografía, entregándonos una imagen sesgada de nuestra propia realidad.
¡Qué paradoja! ¿Cambiar un juicio sobre uno mismo, podría cambiar la forma de vernos y de ver a los demás?. Parece que sí. Ahora hay que buscar el ¿cómo?. La clave está en el lenguaje y en su inmenso poder creador. Sé que es allí donde fluyen las respuestas, esas que ahora busco con más ansias que antes.
Es increíble como en un día, en minutos de experiencias y relatos en re-descubrimientos y momentos recuperé la capacidad de asombro, las ansias de mamarle la savia a la vida, las ansias de tener los ojos bien abiertos para escuchar al mundo y enamorarme de él.
En un día descubrí que el dolor tiene que ver con la mudes y que la cura para ese martirio no está en ninguna pócima especial, ni ungüento mágico. Si no que se encuentra contenida en nueve letras, que unidas pueden crear, hacernos volar o aterrizar bruscamente; aparecer o desaparecer, vivir con intensidad o sólo transcurrir conforme al tiempo, son nueve letras que nos confieren identidad.
LENGUAJE: Las nueve letras que contienen un infinito poder creador. Padre del conocimiento y el arte. Procreador del mundo poético y de sus mágicas expresiones.

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