Las coincidencias no existen, nadie pasa por la vida de otro sin marcar al menos un segundo de su historia. Nadie aparece en nuestras vidas para pasar inadvertido. A veces no nos damos cuenta cuando la vida nos pone a alguien al frente. Puede que sea para que forme parte de nuestro futuro o de nuestro presente, puede que sea un espejo que nos devuelva nuestra propia imagen llena de verdades, puede que pase y no vuelva a aparecer nunca más o puede que el universo jugando a ser un titiritero mueva los hilos de nuestros caminos y nos lo volvamos a encontrar.
Lo importante es quedarse con aquellas miradas, sonrisas y risas que cambiaron por un instante nuestro presente; o tal vez atesorar esa lagrima que estuvo a punto de estallar al encontrarnos con una emoción. Ese puede ser el secreto para no sufrir: atesorar sin preguntar por qué pasó o por qué no continúo, pero es difícil no hacerse preguntas no buscar respuestas, analizar una y otra vez las situaciones queriendo revivirlas sobre todo cuando esa persona nos remeció hasta el punto de provocar un rencuentro con nuestra propia esencia…



